La cefalea es uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica médica general. En una proporción no menor de casos, el diagnóstico definitivo se demora meses —a veces años— por la tendencia a agotar las causas neurológicas, tensionales o vasculares antes de evaluar la vía aérea superior como origen posible del dolor.
Este artículo presenta un caso clínico de cefalea crónica unilateral en un paciente de 20 años, cuya resolución completa se obtuvo mediante cirugía funcional nasal, y propone criterios clínicos que pueden orientar la sospecha diagnóstica y la derivación oportuna al especialista.

Presentación del caso
Paciente masculino de 20 años, sin antecedentes de relevancia, que consulta por cefalea de varios meses de evolución, inicialmente esporádica y de intensidad moderada, con progresión hacia una frecuencia diaria y episodios de alta intensidad que llegaron a comprometer su actividad laboral.
El recorrido previo a la consulta especializada incluyó atención en guardia, tratamiento analgésico escalonado (AINEs, opioides débiles), radiografía de senos paranasales y diagnóstico de síndrome de tensión cervical. La respuesta al tratamiento fue parcial y transitoria en todos los casos.

Al momento de la consulta con ORL, el paciente refería:

Cefalea unilateral de localización fija, frontotemporal del lado derecho
Rinorrea acuosa intermitente, leve, sin fiebre ni síntomas respiratorios asociados
Ausencia de respuesta sostenida a analgésicos convencionales
Sin aura, sin fotofobia ni fonofobia significativas
Sin antecedentes familiares de migraña

Evaluación clínica y diagnóstico
La anamnesis detallada —con especial atención a la lateralidad del dolor, su localización precisa, los factores que lo modifican y la presencia de síntomas nasales aunque fueran menores— orientó la sospecha hacia una causa estructural de la vía aérea superior.
Se solicitó tomografía computada de macizo facial sin contraste. El estudio evidenció espolón del tabique nasal en el lado derecho, con contacto mucoso sobre el cornete medio ipsilateral. La correlación anatómica con la localización del dolor fue precisa.
No existían hallazgos de sinusitis aguda ni crónica. El origen del cuadro era mecánico, no inflamatorio.

Fisiopatología: el mecanismo de la cefalea nasal de contacto
Las fosas nasales mantienen una relación anatómica estrecha con ramas del nervio trigémino. Cuando una alteración estructural —desviación septal, espolón, hipertrofia de cornetes, concha bullosa— genera un punto de contacto mucoso sostenido o intermitente, se produce una estimulación nociceptiva de baja intensidad pero persistente, que el sistema nervioso central puede interpretar y amplificar como dolor cefálico.
Este mecanismo, conocido como cefalea de contacto nasal o síndrome de Sluder en sus formas más clásicas, tiene características clínicas que permiten diferenciarlo de otras causas:

Unilateralidad y localización fija, reproducible entre episodios
Ausencia de los criterios diagnósticos de migraña o cefalea tensional
Rinorrea acuosa refleja, frecuentemente ipsilateral
Resistencia a analgésicos convencionales y triptanes
Ausencia de alteraciones neurológicas o vasculares en los estudios complementarios

La radiografía simple de senos paranasales tiene valor diagnóstico limitado para este tipo de patología. La tomografía de macizo facial es el estudio de elección, ya que permite visualizar la anatomía septal y la relación entre las estructuras con precisión suficiente para la planificación quirúrgica.

Tratamiento: septoplastía endoscópica con resección del espolón
Una vez confirmada la correlación clínico-imagenológica, se indicó la cirugía funcional nasal. El procedimiento consistió en una septoplastía con resección completa del espolón por vía endoscópica, bajo anestesia general, sin complicaciones intraoperatorias ni posoperatorias.
La cirugía funcional nasal tiene como objetivo restablecer la función de la vía aérea, no modificar la morfología externa. En este caso, la resección del espolón eliminó el punto de contacto mucoso responsable de la estimulación nociceptiva trigéminal.
El posoperatorio fue favorable. A casi seis meses de la intervención, el paciente no presentó recurrencia de cefalea. No requirió analgesia más allá del período posoperatorio inmediato.

Criterios para la derivación al especialista
Este caso ilustra un patrón clínico que, en la práctica de la medicina general o neurología, puede no activar de forma inmediata la sospecha de causa nasal. Sin embargo, existen señales que justifican la derivación oportuna a otorrinolaringología:

Cefalea unilateral de localización fija, sin criterios de migraña ni cefalea en racimos
Escasa o nula respuesta a analgésicos de primera y segunda línea
Presencia de síntomas nasales leves: rinorrea acuosa, obstrucción nasal crónica, sensación de presión facial
Ausencia de hallazgos neurológicos en la evaluación clínica e imagenológica
Paciente joven con cuadro de larga data sin diagnóstico etiológico claro

La evaluación ORL en estos casos incluye rinoscopia anterior, nasofibroscopía cuando está indicada, y tomografía de macizo facial. El tiempo diagnóstico, una vez que se orienta correctamente la sospecha, es breve.

Conclusión
La cefalea de origen nasal por contacto mucoso es una entidad infradiagnosticada. Su identificación requiere que la vía aérea superior sea incluida sistemáticamente en el diagnóstico diferencial de la cefalea crónica, en especial cuando el dolor es unilateral, recurrente y resistente al tratamiento habitual.
La cirugía funcional nasal, cuando existe una correlación clínico-imagenológica clara, ofrece una resolución definitiva con baja morbilidad y resultados sostenidos en el tiempo.
La derivación oportuna al especialista puede evitar meses de tratamiento sintomático ineficaz y mejorar sustancialmente la calidad de vida del paciente.

Dr. Pablo Garay — Especialista en Otorrinolaringología. Programa de Implante Coclear, Clínica Pueyrredón. Docente, Universidad Nacional de Mar del Plata.